Los 10 secretos no tan secretos para tener un cabello sano (y mantenerlo)

Estas estrategias apuntan a un pelo hidratado (en mayúsculas) y a salvo del calor y la fricción, los dos principales sospechosos de la sequedad, quiebre y caída.

¿Qué es un cabello sano? O, mejor dicho, cómo es, cuáles son sus señas particulares. Un cabello sano es resistente y elástico, suave, maleable y con brillo. Hay muchas prácticas diarias y factores externos que lo alejan de este estado. Vamos a concentrarnos en aquellos hábitos que sí podemos cambiar o mejorar en favor de una melena saludable. Entre ellos, el uso de herramientas de calor, la forma en que lavamos el pelo, los productos que utilizamos e, incluso, cómo dormimos y comemos.

Estas a solo 10 buenas prácticas de tener un pelo sano. Enterate a continuación cómo mantener el daño lo más lejos posible o, en su defecto, cómo subsanar el existente.

mujer de perfil lavando el pelo con shampoo, cabello sano
Leé las señales que da tu pelo para elegir una rutina que atienda sus necesidades. Crédito: All Things Hair

1. Elegir productos adecuados

Parece una obviedad, pero no lo es. La mayoría de las personas utiliza productos que no están diseñados para su tipo de pelo o necesidad. El primer paso sería realizar un diagnóstico del estado general. ¿Está seco? ¿Graso? ¿Se quiebra fácilmente? ¿Se cae por mechones? ¿Le cuesta crecer? ¿Está teñido? ¿Acabás de hacerte un alisado permanente? Todas esas respuestas van a dar una pauta de lo que necesita. Desde ya, el pelo teñido, decolorado o tratado químicamente requiere de extra cuidados, ya que se trata de un pelo dañado. Tampoco son iguales las necesidades de una melena con rulos que una lacia. Existen productos formulados especialmente para cada tipo de pelo. Si te cuesta determinar cuáles deberías usar, siempre podés recurrir a un experto.

No solo importa el producto sino también la cantidad que se aplique, ya que aplicar una cantidad excesiva puede conducir a un pelo graso y/u opaco. La cantidad va a estar determinada por la extensión de tu pelo pero, en líneas generales, se utiliza de shampoo el equivalente al tamaño de una nuez. En el caso del acondicionador, sería el equivalente al tamaño de una pelota de golf. Por último, prestá atención a las señales que da tu pelo porque la frecuencia de uso también importa.

Nuestro tip: Si tu pelo está dañado, producto de la decoloración, tinturas o tratamientos químicos como la permanente o el alisado permanente, cuidá tu pelo con el Shampoo y Acondicionador Regeneración Extrema de Dove, un sistema con ingredientes activos regeneradores que ofrece la nutrición que el pelo necesita. Como medida extra, podés reemplazar el acondicionador convencional con el Super Acondicionador 1 Minuto Factor de Nutrición 80 de Dove.

2. Aplicar mascarillas de acondicionamiento profundo

Sabemos que la hidratación y nutrición son condiciones fundamentales para un crecimiento saludable. Las cremas de tratamiento o mascarillas de acondicionamiento profundo brindan esa dosis de nutrición extra que el pelo necesita. Por eso, merecen un lugar en la rutina de cuidado. Con aplicarlas una o dos veces por semana es suficiente.

Podés optar por las cremas de tratamiento que se consiguen en el mercado o, bien, crear tus propias mascarillas con ingredientes naturales como, por ejemplo, con palta, aceite de oliva, aloe vera, entre otros.

Probá: la Máscara 1 Minuto Factor de Nutrición 50 de Dove, un concentrado nutritivo formulado para cabello expuestos a las agresiones diarias por el uso del secador de pelo, planchita, buclera o rizadora.

mujer de pelo largo rubio con rulos haciendo masaje capilar, cabello sano
El masaje capilar estimula la circulación sanguínea. Crédito: All Things Hair

3. Cuidar el cuero cabelludo

El estado y aspecto de nuestro pelo depende de la salud del cuero cabelludo. El origen de muchas de las afecciones se encuentra ahí. Al igual que el resto de la piel, el cuero cabelludo necesita exfoliarse. ¿Para qué? Para limpiar en profundidad, remover células muertas y restos de producto que pudieron haber quedado acumulados, y controlar el exceso de grasa. Cuando los folículos pilosos se encuentran congestionados por alguno de estos factores, no se oxigenan como deberían. Entonces, exfoliar el cuero cabelludo al menos una vez por mes es un hábito recomendado para mantener un cabello sano. De esta forma se evitan afecciones como la picazón, la caspa y el cuero cabelludo seco. Agendar un detox capilar mensual puede ayudarte para organizar tu rutina de cuidado.

Para lograr una buena oxigenación de los folículos capilares, es necesario también estimular la circulación sanguínea. ¿Cómo? Mediante masajes capilares. Se realizan con la yema de los dedos, ejerciendo una leve presión y con movimientos circulares. Podés hacerlo sobre el pelo húmedo o seco, lo importante es tener las manos limpias para no transferir bacterias o impurezas. A su vez, esto ayuda a liberar tensiones. Recordemos que el estrés puede ser una de las causas de la caída del pelo.

mujer morena de pelo largo negro durmiendo sobre funda de almohada de satén, cabello sano
Las fundas de almohada de seda o satén son más gentiles con el pelo. Crédito: Shutterstock

4. Evitar la fricción

Existen muchos factores que contribuyen a que el pelo se quiebre y, tarde o temprano, se caiga. La fricción es el principal causante del quiebre. La buena nueva es que hay ciertos cambios que podemos hacer para evitarlo. Probablemente, el más sencillo sea cambiar los elásticos convencionales por scrunchies, broches o vinchas de tela a la hora de elaborar peinados.

Otro consejo, ya bien difundido, es cambiar la funda de la almohada de algodón por una de seda o satén. Estos tejidos resultan más gentiles para las fibras capilares. Y, vale la aclaración, lo mejor es dormir con el pelo suelto.

Hay una cosa más que podés hacer para promover un cabello sano. Es un cambio simple pero muy efectivo: reemplazá la toalla por una de microfibra o una remera de algodón para secar el pelo. No olvidemos que cuando las hebras están mojadas es cuando más vulnerables y propensas al quiebre están.   Por eso, en vez de frotar para secar, apretá apenas el pelo con la toalla o remera para retirar el exceso de agua.

mujer de pelo largo negro lacio pasando cepillo, cabello sano
Atención al modo de peinar, el tipo de peine y la frecuencia. Crédito: Greta Hoffman/Pexels

5. Peinar y cepillar de forma correcta

Cómo peinás tu pelo influye mucho en el bienestar de tu melena. Especialmente, cuando buscás desenredar nudos. Tironear no lleva a buen puerto nunca, porque hace que el pelo se caiga por tracción. Entonces, peiná con delicadeza, empezando por las puntas. A medida que se van desenredando los nudos, peiná de más arriba.

La elección del peine es otra cuestión a tener en cuenta. Si, por ejemplo, tenés el pelo con rulos, lo mejor son los peines de dientes anchos. Y si te debatís entre peine y cepillo, te contamos que por regla general se usa el peine cuando el pelo está húmedo y el cepillo para cuando está seco.

El cepillado, por su parte, sirve para distribuir los aceites naturales del pelo y mantenerlo siempre hidratado, además de eliminar los cabellos que se hayan caído. Pero hacerlo en exceso es contraproducente, ya que puede dejar el pelo débil y opaco. Optá siempre por un cepillo de cerdas suaves y armá una rutina que haga más fácil el cepillado. Es decir, si hacés acondicionamientos profundos con regularidad o aplicás cremas para peinar, el cepillo se va a deslizar sin necesidad de tironear. Lo mismo aplica para el peine.

Probá: la Crema para Peinar Ceramidas de Sedal, formulado con Micro Ceramida Complex, que crea una fina película alrededor de las fibras. Esto no solo protege las hebras sino que le dan mayor resistencia y brillo. El resultado va a ser un pelo más brillos, suave y manejable.

Es un buen momento para recordar que los cepillos deben limpiarse con frecuencia. Esto es necesario porque acumulan pelos, residuos de producto, ácaros del polvo, células muertas de la piel y aceites: el escenario propicio para la aparición de bacterias y crecimiento de levadura. De nada sirve cepillarse con un cepillo sucio, puesto que esa suciedad se deposita en los mechones y cuero cabelludo. Entonces, además de retirar los pelos enganchados, es conveniente limpiar los cepillos profundamente una vez por mes. Basta con sumergirlo en agua caliente con shampoo, revolver y dejar secar antes de volver a usarlo. Existen otras técnicas también.

mujer en peluquería cortándose las puntas del pelo, cabello sano
Cada dos o tres meses. Crédito: Rodnae Productions/Pexels

6. Cortar las puntas con regularidad

Si bien la frecuencia va a depender de tu tipo de pelo y cuán dañado esté, los especialistas recomiendan cortar las puntas cada 2 o 3 meses. Si, en cambio, tu pelo está muy dañado y tenés las puntas florecidas, es conveniente que lo hagas cada 4 semanas. De lo contrario, esas puntas florecidas escalan y, luego, hay que cortar más para sanear el pelo.

Estos cortes regulares de puntas evitan la caída del pelo por quiebre. Por eso la constancia es fundamental.

7. Prescindir de las herramientas de calor

El secador de pelo, la plancha, buclera y rizadora son herramientas muy útiles a la hora de estilizar el pelo. Pero, su uso frecuente, puede resecar las hebras y dañarlas. A simple vista, puede resultar en un pelo pajoso. Pero, a nivel interno, las altas temperaturas de estos aparatos puede romper los enlaces entre las proteínas, que le dan fuerza y estructura a la fibra capilar. Es por esto que se desaconseja su uso excesivo.

Si aún así vas a utilizarlas, te recomendamos tomar ciertas precauciones. La primera, aplicar previamente un protector térmico. Luego, regular la temperatura para minimizar el daño. Por otra parte, hay que asegurarse de mantener estas herramientas limpias para no depositar suciedad en el pelo al utilizarlas.

detalle de manos sosteniendo un aceite natural, cabello sano
Los aceites naturales ayudan a proteger las hebras. Crédito: Ron Lach

8. Proteger el pelo

A veces lo que se interpone entre un cabello sano y vos son las inclemencias climáticas y la polución del ambiente. Dos factores difíciles de controlar. Lo que sí se puede hacer es proteger el pelo. ¿Cómo? Aplicando, por ejemplo, una crema para peinar con protección UV o, mejor aún, usar un sombrero o limitar la exposición. Los síntomas del pelo quemado por sol son opacidad, cambio de color y mayor cantidad de puntas abiertas. Los climas fríos también afectan la salud y apariencia del pelo, resecándolo. Lo mejor en estos casos es aplicar aceites naturales como aceite de Argán o aceite de almendras de medio a puntas, incluso dejarlos actuar toda la noche.

Otras formas de proteger el pelo: aplicar protector térmico antes de usar herramientas de calor, evitar los peinados tirantes, usar scrunchies en vez de elásticos convencionales, dormir sobre una funda de almohada de satén o seda, entre otros.

mujer en la ducha con vapor, cabello sano
Ni muy caliente ni muy fría. Crédito: Valentin Lacoste/Unsplash

9. Regular la temperatura del agua

Ni fría ni caliente. A la hora de lavar el pelo, encontrar el punto justo importa. El agua caliente tiende a resecar las hebras y dejar el pelo poroso, más propenso al frizz. Aunque también es cierto que ayude a disolver mejor la suciedad. El agua fría, si bien ayuda a sellar las cutículas y potencia el brillo, también altera el movimiento natural del pelo. Entonces, agua tibia. La temperatura de agua ideal es aquella que permite disolver la grasa para limpiar sin causar ningún inconveniente. Eso sí, al finalizar, un shot de agua fría va a sellar las cutículas luego del lavado y darle más brillo a las hebras.

10. Llevar una dieta balanceada

La base de toda vida sana, cuerpo sano y, claro, cabello sano, es llevar una dieta balanceada, rica en vitaminas, zinc, hierro, proteínas y ácidos grasos esenciales. Los vegetales, granos, legumbres, huevos, frutos de mar y carnes rojas aportan los nutrientes necesarios para que el pelo crezca sano y fuerte.

Otro punto crucial para un cabello sano: mantenerse hidratado. Más allá del líquido que el organismo absorbe a través de los alimentos, los especialistas recomiendan tomar alrededor de 2 litros de agua por día. Bebidas como el café, el té y el mate inhiben la absorción de nutrientes. Con lo cual, si vas a beber alguno de estos, tratá de que sea lejos de las comidas.

Por otro lado, consultá con un médico especialista para que evalúe si necesitás tomar suplementos.

 

 

 

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