Vico Volkóva sobre la importancia del cabello en su transición

Mientras que para algunas mujeres despojarse de su melena es un símbolo de emancipación, para otras —especialmente aquellas que nacieron en el cuerpo de un hombre—, lucir una cabellera larga y frondosa representa la cúspide de una belleza antes oculta, prohibida, reprimida.

Desde tiempos inmemoriales, el pelo ha forjado la construcción simbólica de la identidad femenina. “El cabello es la mujer, la carne, la feminidad, la tentación, la seducción, el pecado”, escribe la historiadora Michelle Perrot en su libro Mi historia de las mujeres (Fondo de Cultura Económica, 2008).

Mientras que para algunas despojarse de su melena es un símbolo de emancipación, para otras —especialmente aquellas que nacieron en el cuerpo de un hombre—, lucir una cabellera larga y frondosa representa la cúspide de una belleza antes oculta, prohibida, reprimida.

Debido a la carga cultural que posee, el cabello de una mujer trans (transgénero o transexual) suele ser clave en su evolución. Pero, más que eso, es un conducto para la expresión de su “yo” más auténtico.

Conversamos con Victoria Volkóva (@vicovolkov), youtuber y activista LGBTQ+, sobre la influencia de los estereotipos de género en la concepción de la belleza, la importancia del cabello en su transición y la rutina de cuidado capilar que ha adoptado desde entonces.

Vico Volkóva sobre la importancia del cabello en su transición
Victoria Volkóva es una de las creadoras de contenido ‘online’ más importantes de la comunidad LGBTQ+. Crédito: Instagram.com/vicovolkov.

All Things Hair: ¿Puedes describir el momento alrededor del cual te diste cuenta de que estabas incómoda en tu cuerpo? ¿Cuál fue tu sentir al identificarte como transgénero?

Victoria Volkóva: Fue desde muy chiquita, desde que tengo memoria. Yo creo que lo que pasó conmigo fue cuando me di cuenta de que no estaba en el cuerpo de una niña. Creo que ese fue mi sentimiento. Nunca me identifiqué como niño —te estoy hablando de cuando tenía cinco, seis o siete años. Recuerdo que, cuando iba a clases de natación en preprimaria, pensaba que tenía que estar con las niñas porque en mi mente yo era una niña, hasta que me hicieron darme cuenta de que no lo era. Entonces, fue un sentimiento de shock [y pensé]: “Si no soy una niña, ¿quién soy?”.

También en preprimaria, tenía un crush con mi mejor amigo, le di un quico y la maestra me dijo que no podía hacerlo. Siempre fui muy amanerada para hablar, me gustaban ciertos colores que no eran permitidos y quería tener el pelo largo, pero nunca me dejaron —no mis papás, sino las escuelas. Me di cuenta de que mi vida estuvo rodeada de muchas negativas desde pequeña.

ATH: Los estereotipos de género que imponemos a los niños desde que llegan al mundo suelen ser muy nocivos.

VV: ¡Y son cosas de las que no siempre te das cuenta! Yo no me di cuenta. Siempre pensé que tuve una muy buena infancia. Mis papás me dejaban hacer lo que quería. En terapia, descubrí que mi vida estuvo condicionada por noes en cosas muy sencillas en relación con ser yo misma. Cómo hablas, cómo mueves las manos, cómo te vistes, ¡cómo caminas! Recuerdo que la gente se burlaba de mí por cómo caminaba. Me decían: “¿Por qué caminas como niña? ¿Qué eres joto?”. La primera vez que me llamaron maricón fue como en segundo año de primaria y fue alguien mayor que yo. Fue una sorpresa. Entonces pensé que no estaba bien ser yo y que tenía que empezar a fingir ser otra persona para ser aceptada.

ATH: ¿Cómo fue tu relación con tu pelo en tu infancia?

VV: Mi cabello siempre fue la razón por la que anhelaba ser grande. Esperaba ir a la prepa o universidad para que me permitieran tenerlo largo. ¡Me daba mucha envidia ver el de mis amigas! En el kínder, me ponía un suéter en la cabeza [con las mangas colgando a los costados] y decía que era mi cabello. Incluso lo peinaba, veía cómo mi mamá se hacía trenzas o una colita de caballo y la imitaba.

Para mí, [el cabello largo] era un indicativo de que ya podía ser yo. Y no fue hasta la universidad que pude dejarlo crecer, porque ya sabes cómo son las preparatorias privadas en México, que te obligan a llevar el pelo corto cuando eres niño, sin importar que no te identifiques como tal. Era tan absurdo que podía llevar ropa de niña a la escuela —tacones, incluso— y todo estaba bien, pero no podía tener el pelo largo.

ATH: ¿Cuándo y cómo inició tu transición?

VV: Dejé de usar mi nombre de antes en primero de secundaria. Ese fue el punto de inflexión para empezar a ser yo misma. La gente me llama Vico desde entonces. Comencé a usar maquillaje, pintarme las uñas y ponerme ropa que se considera de mujer, aunque para mí la ropa no tiene género. Para la prepa, ya había salido del clóset como gay porque, con la información que había en ese entonces, en mi mente era lo más parecido a lo que yo sentía. Pensaba que, como me gustaban los hombres y era amanerada, entonces era homosexual.

ATH: El pensamiento sobre la identidad de género solía ser muy limitado…

VV: ¡Superlimitado! Tampoco tenía alguna referencia. Ningún amigo gay, trans o, en realidad, ninguna persona [conocida] de la comunidad LGBTQ+ fuera del clóset. Entonces, yo estaba trazando mi propio camino. Hasta que, más o menos a los 17 años, concluí que no me identifico como un hombre gay. Estaba completamente segura de que soy una mujer. Cuando has vivido de cierta forma para encajar y de repente te das cuenta de que no es así como quieres vivir —no solo en cuestión de identidad de género—, hay estrés y ansiedad. A los 18, inicié mi tratamiento médico en la Clínica Condesa [en la Ciudad de México] para que mi cuerpo coincidiera con mi mente.

ATH: ¿Qué importancia tiene para ti el cabello en tu transición?

VV: Mi pelo largo es como mi capa de superpoderes, ¿sabes? Representa también una unidad de medida que he utilizado para recordar cuánto tiempo llevo en mi transición y todo el camino que he recorrido. Para mí, mi pelo siempre ha sido mi manera de expresarme, es parte de mi identidad. Por lo tanto, lo cuido mucho para que esté sano y abundante.

Mi pelo representa una unidad de medida que he utilizado para recordar cuánto tiempo llevo en mi transición y todo el camino que he recorrido.

ATH: ¿Qué te gusta más de tu pelo?

VV: Me gusta que es largo, brillante y puedo moverlo. Por eso me encanta traerlo suelto. ¡Es como un accesorio con el que puedo jugar! No me importa estar con una camiseta blanca, unos jeans y sin maquillaje, pero con mi cabello bien peinadito y cuidado. Es el toque final de cualquier look.

ATH: ¿Qué efectos secundarios percibiste en tu cuero cabelludo o en la textura y grosor de tu melena a partir de la terapia hormonal de feminización?

VV: Cuando tienes cromosomas masculinos, hay un gen que hace que los hombres tiendan a perder el cabello. Cuando inicias [la terapia hormonal] con estrógenos, rompes el patrón de calvicie. Por el contrario, ¡creo que empiezas a tener más pelo! En mi caso, noté un mayor crecimiento del cabello y un cambio en la textura, se vuelve más fino.

ATH: ¿Cómo fue el proceso de dejarte crecer el pelo?

VV: Antes de dejarlo crecer, lo tenía corto y me lo pintaba de todos los colores del planeta: rosa, lila, platinado, blanco… Le hacía decoloraciones muy agresivas y me retocaba la raíz cada mes o dos meses. Estaba más interesada en la expresión de la personalidad a través del color, hasta que empecé a notar el daño que le estaba haciendo a mi cabello. Me di cuenta de que se me caía en la regadera o al secarlo. Cuando empecé con mis hormonas, dije: “Prefiero que la gente me diga ‘qué bonito cabello tienes’ que ‘qué padre lo tienes pintado’”. Quise dejarlo virgen y permitirle crecer. Esto me permitió conocer cómo era mi cabello sin tintes ni procesos.

ATH: ¿Sientes presión por satisfacer los estándares de belleza femeninos?

VV: Creo que es algo que todos llegamos a sentir, ¿no? De una forma u otra y en diferentes intensidades. También los hombres sienten la necesidad de cumplir las expectativas físicas, emocionales y profesionales de la sociedad. Definitivamente, cada día trato de ser más yo misma. Mi transición me enseñó a conectar conmigo. Es un proceso que te ayuda a preguntarte quién eres y hacia dónde quieres ir. […] Me prometí que, cuando tenga 30, me voy a cortar el pelo para probarme a mí misma que el pelo largo no es lo único que me define. Quiero romper con creer que solo soy bonita por mi pelo largo.

Quiero romper con creer que solo soy bonita por mi pelo largo.

ATH: Sería una decisión muy valiente. Tenemos la idea de que la feminidad está necesariamente vinculada con una melena larga.

VV: ¡Para nada! Creo que el pelo corto hace que una mujer se vea muy madura y con decisión. Mi problema viene ligado con eso que dices. Yo vengo de una transición. Me da miedo cortarme el pelo y parecer hombre, ¿sabes? Y que todo mi trabajo valga madres. Todo el tiempo lucho contra los estándares de belleza. Hace poco hablaba con una persona sobre esas trampas del género que se nos presentan. Hay que romper con las reglas que se nos imponen y descubrir qué queremos realmente.

ATH: Hablando de cambios, ¿qué corte te harías?

VV: Me haría un bob. Me algo superlimpio, corto y con líneas rectas. Lacio, pero con mucha textura.

Vico Volkóva sobre la importancia del cabello en su transición
Vico Volkóva no duda en levantar la voz. Gracias a ello, se ha convertido en un estandarte de la comunidad LGBTQ+. Crédito: Instagram.com/vicovolkov.

ATH: ¡Te quedaría increíble! Aunque creo que el fleco es tu mejor look.

VV: Para mí fue importantísimo cuando me corté el fleco, hace ya un año. Siento que soy otra mujer, como si tuviera un superpoder. Fui a una fiesta al día siguiente de habérmelo cortado y ¡ligué como nunca! Y, a los dos meses, ya tenía novio. Obviamente no es el fleco…

ATH: ¡Es la actitud!

VV: ¡Es la actitud! Es la seguridad que te puede dar tu pelo. Es increíble cómo te transforma. Entonces, el fleco se queda.

ATH: ¿Puedes describir tu rutina de cuidado capilar?

VV: Trato a mi cabello como a mi prenda favorita. No lo lavo a diario, sino cada tercer día, aproximadamente, dependiendo de si hice ejercicio, sudé o estuve en la calle. Utilizo shampoos sin sulfatos ni parabenos. Masajeo el cuero cabelludo —no tallo las puntas— y uso productos que lo nutran, como aquellos que contienen aceites esenciales. Semanalmente, aplico una mascarilla capilar hidratante con vitaminas y, cada dos meses, voy al salón a que me despunten el pelito.

También trato de que mis herramientas de calor —que uso bastante— estén a una temperatura baja y aplico un protector antes. Utilizo un cepillo de cerdas abiertas y suaves —tengo uno para usar en húmedo y otro, en seco— y me cepillo el pelo con amor, de las puntas hacia arriba. Eso me lo enseñó mi papá, que tiene muchas hermanas. Y cuando encuentras un nudo, hay que dedicarle el tiempo necesario para deshacerlo.

ATH: ¿Qué consejo le darías a una persona que está por iniciar su transición con respecto a su cabello?

VV: Mi mejor consejo es tener paciencia. Para alcanzar la felicidad, la paz o lo que sea que desees, primero tienes que pasar por un momento incómodo. Es inevitable, aunque a veces queramos evitar la incomodidad para tomar la ruta corta. Es importante tenernos paciencia en el proceso de convertirnos en nosotras mismas. Las cosas toman su tiempo, pero hay una recompensa al final del camino.

Seamos buenas con nosotras mismas; solemos ser somos nuestras peores juezas, pero cuando empezamos a notar lo bonito que ya tenemos —¡seguramente algo hay en ti que te guste!—, es más fácil alcanzar ciertas metas. Enfócate en ello, alimenta lo bueno, en lo que esperas lo que estás anhelando.

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