Oda a México: Danié Gómez-Ortigoza sobre trenzar con intención

La autora de 'Journey of a Braid' reivindica las trenzas mexicanas como fuente de poder. Además, lo hace con un propósito: cada nudo simboliza la intención de ayudar a una mujer.
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Las trenzas mexicanas forman parte de la esencia vital femenina y están entrelazadas en nuestra cultura. En su trama contienen nuestras memorias, miedos, risas, lágrimas, vulnerabilidades y batallas perdidas. “Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave, como la espuma del atole”, escribe Paola Klug en su poema Trenzaré mi tristeza.

Sus palabras sabias resuenan en la mente de Danié Gómez-Ortigoza, una brillante artista multimedia y autora de Journey of a Braid, que reivindica el trenzado tradicional —el tehuano, en particular— como una fuente de poder. Conversamos con ella para explicar la simbología de las trenzas mexicanas, por qué las ha convertido en el elemento central de su estilo personal y cómo trenzar con intención.

All Things Hair: Has hablado de tener múltiples alter egos. ¿Quiénes son?

Danié Gómez-Ortigoza: Tengo una variedad. ¿Sabes qué pasa? Que yo siento que, desde chiquita, la vida me empezó a meter en “cajones”. En mi casa, yo era “la bonita” entonces [supuestamente] no pensaba. Mi hermana era “la intelectual” y, por lo tanto, no tan bonita. ¡Y esos “cajones” hacen muchísimo daño! Con el tiempo, en lugar de sentirme posicionada dentro de un cajón o sentirme parte de las expectativas que me habían impuesto sobre quien debía ser, aprendí a enfocarme en quien yo era en realidad.

Para mí, la trenza es parte de este proceso. Todos tenemos diferentes versiones de nosotros mismos y depende de con quién estás que salga a la luz una faceta de ti. Lo que yo necesitaba era encontrar un “botón” que me activara para sacar la personalidad —o las partes de ella— más favorecedora, para hacer lo que siempre había querido, lejos del machismo [que me inculcó] mi papá. Crecí escuchando que “calladita te ves bonita”, “seguro estás en tus días”, “¡ya cásate!”… Todas esas frases espantosas que ojalá pudiera olvidar.

Cuando yo me empecé a trenzar, logré encontrar a este alter ego que tiene un concepto totalmente distinto de ella misma. A partir de la trenza, me pude olvidar de estas características —como la sumisión— que se heredan de una cultura mexicana excesivamente machista, pero también [se adquieren] por la historia personal y familiar. Ese fue el trigger [disparador].

El proceso de trenzado te conecta con el corazón. Cuando sales y tienes esto [señala su tocado] en la cabeza, lo notas. Vamos, no sales con la cabeza abajo, ¡entras con actitud o no entras! Eso te hace activarte.

Además, para mí, ponerle la intención —que es el nudo final y representa mi propósito de ayudar a una mujer mexicana— es una forma muy bonita de abordar el día. Cuando tengo dos trenzas como las de ayer o el pelo suelto, ¡soy otra! La gente con la que trabajo me ve con el pelo suelto y no sabe quién soy. ¡Me gusta!

Danié Gómez-Ortigoza con trenzas mexicanas estilo tehuana
Danié Gómez-Ortigoza ha hecho de las trenzas mexicanas el elemento central de su estilo personal. Crédito: cortesía de Danié Gómez-Ortigoza.

ATH: ¿Qué representan para ti las trenzas mexicanas?

DGO: Para mí, las trenzas son la conexión al alma. La Venus de Willendorf es la primera escultura conocida en el mundo; está hecha piedra caliza y está trenzada, tiene una trenza tipo tehuana, muy parecida a esta [señala la suya]. Imagínate lo que increíble que es que, desde que el inicio de la historia del ser humano, nos hemos estado trenzando.

Especialmente en el momento tan complicado que vivimos a nivel social, me llena pensar que hay una cosa que todos hacemos igual y es trenzarnos: afroamericanos, chinos, hindúes, mexicanos… Todos nos trenzamos el cabello. Eso, para mí, tiene un mensaje bien importante. La trenza demuestra que es la suma de todos lo que hace la fuerza. Un cabello lo rompes en dos segundos, en cambio, a una trenza no la quiebras fácilmente.

La trenza demuestra que es la suma de todos lo que hace la fuerza.

ATH: ¿En qué momento decidiste adoptar las trenzas mexicanas como tu peinado insignia y por qué?

DGO: Empezó con un proyecto que hice con el Women’s Forum [un evento que destaca las voces y perspectivas de mujeres líderes en temas sociales y económicos]. Yo vivía en Suecia y me pidieron armar la delegación de México. Hicimos un grupo superfuerte de mujeres y nos lo llevamos a Francia para esa edición. Cambió mi perspectiva de lo que somos las mujeres, las mujeres unidas y la mujer mexicana. Salma Hayek era la cabeza de la delegación. Mis intenciones y el trenzado comenzaron allá, al lado de ellas.

¿Has trenzado el cabello de alguien? Es la cosa más hermosa. El intercambio energético es fuertísimo, sobre todo cuando lo haces con intención. A mí las trenzas me apasionan. De hecho, estoy escribiendo un libro sobre el tema.

La persona que me invitó a este proyecto me regaló una carré de Hermès, de las grandotas. Como yo aprendí de fortaleza con ellos, relacioné este concepto con el acto de anudar, usando la pañoleta. Los incas en Perú tenían todo un lenguaje codificado a partir de los nudos. Sus tratados de propiedad de tierras y sus historias, todo estaba escrito en nudos. Cuando tú cierras algo, es como el acto de ponerte un anillo, de unir. Como el término espantoso de “esposos”, ese “clac”, que es lo que logras con el nudo.

Yo no crecí con mi mamá, sino con una niñera indígena, originaria de un pueblito que se llama Amecameca, junto al Popo. Mi papá, ejecutivo, trabajaba todo el día. Y, cuando yo hablaba en público, como él nunca podía ir y yo era la pobre niñita solita porque mi mamá no estaba, mi niñera se despertaba temprano a trenzarme. Desde ahí, yo entendí que la trenza era un “botón” para desatar cierto elemento de poder en ti. Desde ahí, ya era una armadura.

Es una de esas cosas locas que te da la vida de unir conceptos y traerlos todos juntos. Cuando estoy frente al espejo, en ese momento de mi día teniendo en el que tengo una conversación conmigo misma y cuando solo yo sé quién soy, cierro el nudo y me planteo que mi prioridad sea ayudar a alguien. Por ejemplo, mi propósito hoy es conectar a una marca mexicana que adoro —y la está pasando pésimo— con una tienda aquí, en Estados Unidos, que busca gente.

ATH: ¿Fue tu nana quien te enseñó a trenzar como tehuana? ¿Tienes algún vínculo con esta cultura?

DGO: No, ella me hacía la trenza francesa y, a veces, una que daba la vuelta. ¿Sabes qué pasa? Yo estoy clavada con lo indígena no sabes a qué nivel. Y mi marido me decía: “Bueno, ¿y tú qué pintas?”. Y yo le decía: “Vamos, ¡mestiza, sí soy!” [se ríe]. Las personas que más me han dado, las que siempre han estado ahí, han sido de ascendencia indígena. Quizás sea por mi historia, pero no ha sido mi familia… o sí, pero de lado. La gente que me dio su corazón entero fue mi chofer, un indígena de Guerrero, y mi niñera. Para mí es muy importante conciliar y visibilizar [sus culturas], porque la simbología, el sabor, el conocimiento y el amor por México a mí me entró por ahí, no por mi familia propia.

Mi abuelito es de Oaxaca. Siempre que íbamos allá, yo veía a estas mujeres espectaculares con sus trenzas de colores y siempre me llamaron la atención. Nunca logré hacérmela de chiquita, me tomó tiempo agarrarle la onda.

Lo que a mí me gusta de esta trenza es que cae justo aquí [señala un punto en la parte superior de la cabeza], porque este es un chakra muy importante. Esta es la conexión directa con Dios. Las tehuanas a veces se ponen monedas ahí. Esta zona es sagrada.

A los indígenas —no solo en esta región del país, sino en Norteamérica y Asia— les cortaban esta parte del cuero cabelludo, pues es de donde ellos jalaban la energía. Es un acto muy salvaje, obvio, pero es bien interesante que es de aquí de donde ellos pensaban que salía el alma. Y, por atrás, [la trenza] es como un círculo perfecto, que habla de continuación.

Danié Gómez-Ortigoza con trenzas mexicanas estilo tehuana
Danié apuesta por los remedios naturales para cuidar su melena larga. Crédito: cortesía de Danié Gómez-Ortigoza.

ATH: Hace pocos días mencionaste que has decidido dejar de cortarte el pelo, siguiendo las enseñanzas indígenas. Que ahora solo te dedicas a escucharlo. ¿Qué es lo que dicen estas culturas al respecto?

DGO: Toda tu historia está contenida en tus cabellos. Incluso si lo ves a un nivel genético, toda tu genética la cargas en un cabello. Todo lo que has vivido en estos días está contenido allí. Nosotros [los indígenas] nos empezamos a cortar el pelo después de ser países conquistados. Antes, el cabello se usaba largo y ni siquiera se contemplaba la opción de cortarlo, a excepción de sufrir una pérdida muy fuerte.

Y hay otro dato bien interesante. La razón por la que Estados Unidos logró ganar —hasta cierto punto, porque nadie ganó— la Segunda Guerra Mundial, es porque tomaron a los indígenas cherokee para que ellos fueran quienes comunicaban mensajes por radio, ¡nadie lograba entenderlos porque su lengua es complejísima! Y en la guerra de Vietnam, también usaban a los guerreros top para sus batallas. [La clave está en que] lo primero que hacen cuando te vuelven soldadito es cortarte el pelo: ¡todas las capacidades de estos indígenas se fueron a la basura por eso!

Desde los romanos, dejarse cortar el pelo era la característica de los pueblos sumisos. Eso, a nosotros, nos destruye a nivel intuitivo. El cabello te habla, especialmente si lo tocas o peinas con peine de madera. [Despierta] un lado muy intuitivo, difícil de explicar. La meditación te lleva a escuchar a tu cabello, como cuando estás triste. Como en el poema de Paola Klug, Trenzaré mis tristezas.

La manera en la que cargas tu cabello representa una manera distinta de pensar. Todo te va a traer una energía distinta. Cuando lo traes suelto, [implica] mucha libertad, pero estás muy abierta a recibir energía de fuera, porque te entra. Aquí [señala su tocado] no, aquí estoy cerrada.

En la noche, cuando voy jalando los gajos de la trenza hasta que se suelta y cae la intención —porque yo la escribo en un papel y la guardo en la tela—, [soy consciente de que] el foco de mi día fue ayudar a alguien más. Se nos olvidó que todos somos uno, que [la vida] es un círculo.

Toda tu historia está contenida en tus cabellos.

ATH: ¿Cómo cuidas tu cabello para que esté largo y sano?

DGO: He estado usando vinagre de manzana, solo una tapita, ¡hidrata muy bien el cuero cabelludo! Me cepillo con peine de madera y quiero empezar a usar agua de arroz.

ATH: En los últimos años, el racismo se ha acentuado en Estados Unidos [Danié vive en Miami]. ¿Ha tenido esto un efecto en la recepción de tu peinado? ¿Crees que tu tocado ha adquirido un carácter político?

DGO: ¡Sí y me encanta! Es muy interesante ver las distintas reacciones. Nunca he recibido una negativa; tristemente, creo que es por el color de mi piel. Porque he escuchado incluso de indígenas americanas que, en el Este, las hacen quitarse las trenzas [en las aduanas].

Sin embargo, me fijo mucho en la manera en que me reciben. Y, por esta razón, uno de los lugares en los que más conecté de corazón con la gente fue en Arizona. Hay un museo, el Heard Museum, que habla de los —básicamente— campos de concentración indígenas y la matanza de miles de millones de indígenas en este país. Es una parte de la historia que yo no tenía nada clara, ¡mis social studies [estudios sociales] en la universidad jamás me la mencionaron!

Nosotros [en México] por lo menos tuvimos mestizaje. Aquí los destruyeron de raíz. Lo primero que les hicieron fue cortarles el cabello: olvídense de su historia, ¡olvídense de quiénes son! Es espantoso.

ATH: Por último, ¿cómo describirías tu estilo personal?

DGO: Creo que, cada vez, respondo de manera diferente a esta pregunta. Es muy curioso. Tengo un estilo muy clásico con un toque ecléctico. ¿Cómo sería? ¡Pues ritualista! En general, el acto de vestir es para reflejar lo que llevo dentro. El elemento del color me es muy importante. Mi estilo es colorido y abstracto, ¡o Dadá! [se ríe].

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